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XXXIV Encuentro Nacional de Bandas

XXXIV Encuentro Nacional de Bandas

 Para: Banda Juvenil de Chochó, Sucre

Es probable que aquellos adoradores de las bandas de viento convocados por Jorge Martínez Paternina que, un sábado supongo del medio día para arriba, dieron en toparse en el patio solariego de Amira Rebeca y Tulio Rafael, aun sintieran en su alma el sonido recién inventado y bullicioso de las nostalgias de los porros y fandangos de todos los 20 de enero.

De las marchas melancólicas de las procesiones del Dulce Nombre, del olor de las espermas y del ronroneo de un viento de encajes y colorines en las polleras de sus mujeres, para que se convidaran a protocolizar y darle patente de navegación universal a la epifanía del ancestro y la identidad musical de estas promisorias planicies del Bolívar Grande, Sucre y Córdoba: el ENCUENTRO NACIONAL DE BANDAS DE SINCELEJO.

Es de pensar que los de entonces patronos del convite melódico de nuestra música vernácula hecha de alma elemental, metales, caña y percusión, hicieran eco del título que, desde las albas fundacionales, dio en ostentar Sincelejo: cruce de caminos primero, luego punto de encuentro, y ya en la modernidad, ciudad de los encuentros, derivados unos y otro de su estratégica localización con relación a todas las comarcas del Caribe y Colombia.

Y es que cuanto se da en esta simbiosis cultural, étnica, social, de costumbres, tradiciones y haceres originarios, humana en su totalidad, no solo de Sincelejo, Sucre y sus vecindades territoriales, Córdoba, Bolívar, Antioquia, sino de otras regiones colombianas, va más allá de una muestra formal de las bandas de viento, de un concurso para dirimir supremacías.

Más allá de esto, es su desarrollo y evolución en concordancia con la contemporaneidad, con lo que aviva el presente; es su avance sostenido y sostenible; el enriquecimiento, crecimiento y desarrollo de la simiente a partir de la fusión e incorporación de elementos que, a la vez que reafirman el origen, enriquecen y diversifican ese hacer identitorio ancestral.

Ese ese súmmum el que convoca el Encuentro Nacional de Bandas de Sincelejo, entre octubre 30 y noviembre 3 de 2019, para mostrar pletórico el corpus musical que signa a un hombre, a una clase, a una cultura, en sus particularidades geográficas y espaciales; en sus condicionantes sociales, humanos, materiales y espirituales; en su idiosincrasia y sentires.

De igual manera es este encontrarse en el jolgorio de las bandas, una extensión carnal de esa proverbial y aún viviente fraternidad de los caribes sabaneros, de su humildad y hospitalidad a prueba de otros lenguajes y dicción, del color de la piel, de los efectos del sol más luminoso de Colombia, del vestir y el comer. En suma, de lo que nos hace diferentes, nunca excluyentes.

De cuanto nos encuentra con nuestra música vernácula hecha de alma elemental, de metales, cañas y percusión. Y por siempre con sus más eximios labradores y maestros regionales: Armando Contreras, Leonardo Gamarra, Dairo Meza Acosta, Fabio Santos, Miguel Emiro Naranjo, entre tantos de su linaje.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

Fuente: https://www.elespectador.com/opinion/xxiv-encuentro-nacional-de-bandas-columna-888831